
La industria textil argentina atraviesa una de las etapas más complejas de los últimos años. La combinación de una fuerte contracción de la actividad, la pérdida sostenida de puestos de trabajo, la caída de las inversiones y una utilización reducida de la capacidad productiva configura un escenario adverso para el sector. Los datos más recientes de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) muestran que, pese a una mejora en las exportaciones, la recuperación aún parece lejana.
Según la entidad empresaria, en febrero de este año el sector contabilizó 99.000 trabajadores registrados, lo que implica una reducción de 13.000 empleos respecto del mismo mes de 2025. Si la comparación se realiza con diciembre de 2023, la pérdida asciende a más de 22.000 puestos formales.
El impacto sobre el empleo industrial resulta significativo. De acuerdo con los relevamientos oficiales y privados, la industria manufacturera argentina eliminó cerca de 80.000 puestos registrados durante el mismo período. De ese total, aproximadamente el 28% correspondió a la actividad textil, equivalente a uno de cada tres empleos fabriles perdidos.

La caída del empleo acompaña el deterioro de la producción. En marzo, la actividad textil registró una baja interanual del 23,3%, mientras que el conjunto de la industria mostró una expansión del 5% en el mismo período.
La diferencia también se observó en el balance del primer trimestre. Mientras la industria manufacturera en su conjunto retrocedió 2,3%, la producción textil acumuló una contracción del 27,1%, reflejando una brecha cada vez más pronunciada respecto de otros sectores productivos.
Los niveles de utilización de la capacidad instalada evidencian la magnitud de la desaceleración. Las plantas textiles operaron en torno al 40% de su potencial productivo, muy por debajo del promedio industrial, que alcanzó el 59%. Entre los factores que explican este desempeño se destacan las menores producciones de hilados de algodón y tejidos.
La incertidumbre económica también impactó en los planes de expansión y modernización. Durante los primeros cuatro meses de 2026, las importaciones de maquinaria para el sector totalizaron US$ 40 millones, un monto 22% inferior al registrado un año antes. La reducción fue especialmente marcada en equipos considerados estratégicos para la producción, como hiladoras y telares.

En materia de precios, el comportamiento mostró diferencias entre los distintos eslabones de la cadena. En marzo, las prendas de vestir, el cuero y el calzado registraron aumentos del 3,2% mensual y del 12,7% interanual en los comercios minoristas. En contraste, los precios mayoristas del sector textil avanzaron 1,1% en el mes y 15% en términos anuales, ubicándose por debajo del promedio de los productos manufacturados.
El comercio exterior también reflejó cambios importantes. La debilidad del mercado interno se tradujo en una disminución de las importaciones textiles. En abril, los ingresos de productos del exterior cayeron 10% en volumen y 21% en valor. En el acumulado del año, los retrocesos alcanzaron el 29% y el 36%, respectivamente.
El principal dato positivo provino de las exportaciones. Durante abril, las ventas externas crecieron 41% en volumen y 33% en valor. El desempeño estuvo impulsado principalmente por los envíos de hilados y tejidos, cuyas colocaciones mostraron incrementos superiores al 140% en comparación con el mismo período del año anterior.
Sin embargo, el avance exportador no se replicó en todos los segmentos de la cadena. Las ventas al exterior de prendas confeccionadas continuaron mostrando resultados desfavorables, lo que mantiene un escenario heterogéneo para una actividad que sigue enfrentando importantes desafíos productivos y laborales.